Túnel de lava de Isabela
Entrar en un túnel de lava en la isla Isabela fue como adentrarse en el interior de la Tierra.
Lo que antes era lava fluyendo ahora está congelado en movimiento sobre tu cabeza. Literalmente puedes ver cómo se formó la isla. El exterior se enfrió, el interior siguió moviéndose, y lo que queda es este túnel hueco.
Es un silencio. Un silencio profundo.
A veces tienes que agacharte para pasar por secciones estrechas, y de repente se abre a enormes espacios donde la luz apenas llega al techo. Sin ruido, sin señal, solo tú y la roca.
Y lo más sorprendente… esto no es antiguo como lo imaginamos. Es joven. Aún en transformación.
Volver a la luz del día fue casi irreal.
Te hace darte cuenta de todo lo que sucede bajo la superficie que nunca vemos.