¡Sin viento y Navidad!
Al llegar la mañana de Navidad, el viento amainó. Pasamos un día encantador comiendo y relajándonos sin preocuparnos por las guardias ni por el manejo de las velas. El mar en calma invitaba a un baño para refrescarnos, ¡y poco después nos picó una carabela portuguesa!